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22 DE AGOSTO | MARÍA, REINA JUNTO A CRISTO REY

Cada 22 de agosto, la Iglesia celebra la memoria de la Bienaventurada Virgen María, Reina, culminando litúrgicamente la Octava de la Asunción. Después de contemplar a María elevada al cielo en cuerpo y alma, la Iglesia la contempla como Reina del Cielo y de la Tierra.

¿Por qué llamamos Reina a María?

La realeza de María nace de su íntima unión con Jesucristo. Si Cristo es Rey, María, su Madre, participa de una manera singular en la gloria de su Hijo.

No se trata de una realeza entendida como poder humano, riqueza o dominio. La grandeza de María está precisamente en todo lo contrario: servicio, humildad, entrega y fidelidad a Dios.

Ella misma se definió como la «esclava del Señor». Por eso, su corona es consecuencia de una vida enteramente entregada a la voluntad de Dios.

Una Reina que es Madre

La Iglesia no contempla a María como una reina distante. Su realeza está profundamente unida a su maternidad.

María continúa ejerciendo desde el cielo su misión maternal sobre todos los hijos de Dios. Por eso acudimos a Ella como Reina y Madre de Misericordia, expresión que rezamos tantas veces en la Salve.

Su reinado es un reinado de amor: intercede, acompaña, protege y conduce siempre hacia Cristo.

María, modelo para el cristiano

La Realeza de María nos recuerda una de las grandes paradojas del Evangelio: para reinar con Cristo hay que aprender primero a servir.

María alcanzó la gloria porque supo ponerse en manos de Dios. Permaneció junto a su Hijo desde Belén hasta el Calvario y permaneció fiel incluso cuando todo parecía perdido.

Su corona habla, por tanto, de fidelidad. Su trono habla de servicio. Y su grandeza habla de humildad.

El origen de esta celebración

La fiesta de la Realeza de María fue instituida por el papa Pío XII en 1954, mediante la encíclica Ad Caeli Reginam. Posteriormente, la reforma del calendario litúrgico situó esta memoria el 22 de agosto, relacionándola directamente con la solemnidad de la Asunción celebrada una semana antes.

Salve, Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra.

-VOCALÍA DE FORMACIÓN Y LITURGIA”