LA MISERICORDIA Y LA HERMANA CRISTINA: MÁS DE CUARENTA AÑOS CREYENDO EN SU SANTIDAD | Espíritu carmelitano

Mucho antes de que se iniciaran los trámites oficiales para su beatificación, en la Hermandad de la Misericordia ya existía una convicción profundamente arraigada: la Hermana María Cristina de los Reyes Olivera era una mujer tocada por la gracia de Dios. No era una devoción nacida de la casualidad ni de un sentimiento pasajero, sino la consecuencia del testimonio de quienes compartieron con ella parte de su vida, de aquellos que acudieron a pedirle consejo, de quienes experimentaron su cercanía espiritual y también de tantas personas que, tras encomendarse a su intercesión, aseguraban haber recibido consuelo, ayuda o favores extraordinarios.

Desde hace más de cuarenta años, la Hermandad de la Misericordia ha mantenido viva esa certeza, convirtiéndose en una de las principales impulsoras del reconocimiento de la santidad de la religiosa carmelita. Una labor constante, discreta y perseverante que siempre ha estado guiada por el convencimiento de que la Iglesia debía conocer y estudiar la ejemplaridad de una vida entregada por completo al Señor y al servicio de los demás.

La fama de santidad acompañó a la Hermana Cristina durante toda su existencia y, lejos de desaparecer con su fallecimiento el 24 de marzo de 1980, no ha dejado de crecer con el paso de los años. Son innumerables los testimonios conservados por la Comunidad de Carmelitas Descalzas y las personas que continúan acudiendo a su sepulcro o invocando su intercesión convencidas de sentir su protección.

Durante años, la comunidad carmelita custodió con prudencia este inmenso patrimonio espiritual hasta que, atendiendo al deseo cada vez más insistente del pueblo fiel, solicitó en 1996 el permiso para iniciar la Causa de Canonización. Ese mismo año comenzó a difundirse su vida mediante la publicación de la primera biografía, Vida y recuerdos de la Hermana Cristina, redactada por el carmelita descalzo Fray Ismael Bengoechea, primer paso para dar a conocer con mayor profundidad el testimonio de quien muchos ya consideraban una auténtica sierva de Dios.

El reconocimiento público hacia la Hermana Cristina continuó creciendo. En 1997, el Ayuntamiento de San Fernando le concedió, a título póstumo, la distinción de Hija Adoptiva de la Ciudad, reconociendo oficialmente la inmensa huella que había dejado entre los isleños por su vida de entrega, amor y servicio.

Poco después, en 1999, comenzaron las reuniones mensuales de los Amigos de la Hermana Cristina, que cada día 24 se congregan para celebrar la Eucaristía y rezar por el feliz término de su causa. En 2001, el Ayuntamiento volvió a rendir homenaje a su memoria dando su nombre a un taller de empleo destinado a la promoción de la mujer.

El año 2005 marcó un momento decisivo. Coincidiendo con el vigésimo quinto aniversario de su fallecimiento, vio la luz una nueva y extensa biografía, La sonrisa interminable de Dios, obra del prestigioso carmelita descalzo Fray José Vicente Rodríguez. Pero, sobre todo, aquel año supuso un antes y un después con la apertura oficial del Proceso Diocesano de Canonización, celebrada el 24 de julio de 2005.

Aquella efeméride también puso de manifiesto el compromiso que la Hermandad de la Misericordia había mantenido desde el primer momento. Junto a la Comunidad de Carmelitas Descalzas, la corporación organizó durante todo aquel año numerosos actos, conferencias y celebraciones para recordar la figura de la Hermana Cristina y seguir difundiendo su legado, siendo reconocida expresamente como la principal impulsora, con su entusiasmo y veneración, del inicio de la Causa de Canonización.

Tras años de intenso trabajo, recopilación documental y declaración de numerosos testigos sobre su vida, virtudes y fama de santidad, el Proceso Diocesano quedó clausurado solemnemente el 30 de noviembre de 2008. Toda la documentación fue remitida a la Congregación para las Causas de los Santos, en Roma, donde continúa su estudio.

Hoy, cuando han transcurrido décadas desde que la Hermandad comenzara a promover la figura de la Hermana Cristina, aquella convicción permanece intacta. La Misericordia sigue creyendo, como creyó desde el primer momento, en la santidad de aquella humilde carmelita que hizo de la sencillez, la oración, el sacrificio silencioso y el amor al prójimo el verdadero camino hacia Dios.

Porque la santidad no nace cuando se abre un proceso canónico. La santidad comienza a reconocerse en el corazón del pueblo fiel.

Y en la Hermandad de la Misericordia, ese reconocimiento lleva vivo más de cuarenta años.