GRACIAS CRISTINA; GRACIAS PIEDAD |

Ayer no fue un día cualquiera.

Ayer, al calor del altar y bajo la mirada serena de María Santísima de la Piedad, nuestra Hermandad volvió a pronunciar una palabra que lo sostiene todo: GRACIAS.

Gracias por 69 años de historia, de fe compartida, de generaciones que han aprendido a mirar a la Virgen como refugio y camino. Gracias por tanto vivido… y, sobre todo, por tanto recibido.

Pero ayer, entre cirios encendidos y oraciones que brotaban sin esfuerzo, había un agradecimiento que latía con una fuerza especial. Un agradecimiento que no cabía solo en los labios, sino que se desbordaba desde lo más hondo del corazón.

El de quien ha conocido de cerca la fragilidad.

El de quien ha sentido el peso inesperado de una enfermedad repentina.

El de quien, en medio de la incertidumbre, se ha sabido sostenido por la fe… y por la intercesión confiada.

En esos días oscuros, cuando todo parecía tambalearse, hubo un gesto sencillo y profundo: un rosario. Un rosario de la Virgen. Un rosario de la Hermandad. Entregado no como objeto, sino como promesa. Como hilo invisible que unía el dolor con la esperanza.

Y junto a él, una encomienda clara y llena de fe: la oración a la Hermana Cristina, confiando en su cercanía, en su ejemplo de entrega, en su presencia silenciosa pero viva.

Han sido meses de lucha, de espera, de silencios largos y súplicas constantes. Pero también han sido meses de fe verdadera, de esa que no hace ruido, pero sostiene.

Y ayer… ayer llegó la respuesta.

Ayer celebramos la vida.

Celebramos la recuperación. Celebramos el milagro cotidiano de volver, de levantarse, de mirar hacia adelante con gratitud. Y celebramos, también, el cumplimiento de aquella promesa: ese rosario que, tras tres meses, regresó a las manos de quien siempre lo sostuvo en espíritu.

Volvió para ser entregado.

Volvió para ser depositado a sus plantas.

Volvió como signo de que la fe, cuando es sincera, siempre encuentra su camino.

Ayer era día de dar gracias por mucho.

Y así lo hicimos.

Lo hicimos como Hermandad.

Lo hicimos como familia.

Lo hicimos como hijos que saben que, en la Piedad de una Madre, siempre hay consuelo, siempre hay escucha… y siempre hay respuesta.

Que nunca olvidemos que, incluso en la noche más inesperada, la luz permanece encendida.

Y que siempre, siempre, sepamos volver a decir: GRACIAS.

1 / ?