-EL TIEMPO PASCUAL-
El Tiempo Pascual son los cincuenta días que van desde el Domingo de Resurrección hasta el Domingo de Pentecostés, que «se han de celebrar con alegría y júbilo, como si se tratara de un solo y único día festivo, como un gran domingo» (Normas Universales del Año Litúrgico, n 22).
La celebración de la Pascua se continúa durante el Tiempo Pascual.
En España, vivimos intensamente los días previos: procesiones, silencios, imágenes que recorren las calles… Todo ello nos introduce en el misterio de la Pasión. No obstante, sería un error quedarse únicamente en el Viernes Santo. La fe cristiana no termina en la cruz; de hecho, comienza verdaderamente en el sepulcro vacío. La Pascua nos recuerda que el sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra. Cristo resucitado abre un horizonte nuevo, donde la vida vence definitivamente.
Teológicamente, la Pascua es la confirmación de que Jesús es quien decía ser: el Hijo de Dios. Su resurrección es el signo definitivo de que el amor de Dios es más fuerte que cualquier límite humano. Por eso, para los cristianos, la Pascua es la certeza plausible de que Cristo sigue actuando y ofreciendo una vida nueva.
Si miramos la historia de la salvación, hay momentos en los que Dios parece actuar a través de mediaciones, de lo que la tradición llama causas segundas. Sin embargo, hay dos instantes en los que su intervención es directa y radical: la encarnación del Verbo en el seno de María y la resurrección de Jesucristo. Dos momentos inseparables, dos caras de un mismo misterio de amor.
Los domingos de este tiempo litúrgico deben entenderse y celebrarse como verdaderos “domingos de Pascua”, teniendo prioridad sobre cualquier otra fiesta o solemnidad del Señor. En caso de que alguna solemnidad coincida con uno de estos domingos, se traslada al sábado anterior.
El recorrido de estos domingos puede resumirse así:
En el segundo domingo, llamado de la Divina Misericordia, y en el tercero, se nos presentan las apariciones de Jesús resucitado, que manifiestan su presencia viva en medio de los discípulos.
El cuarto domingo centra la mirada en Cristo como el Buen Pastor, que entrega su vida por sus ovejas.
En los domingos quinto y sexto, se proclaman fragmentos del discurso de la Última Cena, donde se insiste en la llamada al amor como forma concreta de vivir la vida nueva del Resucitado.
El séptimo domingo de Pascua se celebra la Ascensión del Señor. Este momento, unido a la promesa del Espíritu Santo, inaugura una nueva forma de presencia de Cristo entre los suyos.
Finalmente, el domingo siguiente es Pentecostés, que pone el broche a este tiempo pascual con el don del Espíritu Santo, impulso vital que da origen y dinamismo a la Iglesia.
Colores litúrgicos en el tiempo de Pascua:
Durante la celebración de la Pascua, el color que predomina es el blanco, a veces acompañado del dorado en las celebraciones más solemnes.
El blanco, dentro de la liturgia, está profundamente vinculado a Dios y expresa la alegría, la pureza, la luz y la paz propias de este tiempo. Es el color del gozo por la resurrección.
El dorado, por su parte, se reserva para momentos especialmente significativos del año litúrgico, como la Vigilia Pascual, subrayando la grandeza y solemnidad de la celebración.
El blanco también se utiliza en el Domingo de Pascua y en el Jueves Santo.
En este último caso, además, tiene un sentido particular, ya que tradicionalmente se celebra la Misa Crismal, en la que se bendicen los óleos que se emplearán a lo largo de todo el año en los sacramentos.
Una vez finalizada la Semana Santa, el blanco continúa siendo el color propio durante todo el Tiempo de Pascua, que se extiende a lo largo de cincuenta días. Este periodo culmina con la celebración de Pentecostés, momento en el que el color litúrgico cambia al rojo. Este color simboliza el fuego del Espíritu Santo, que desciende sobre los apóstoles y sigue vivo en todos los que han recibido la confirmación.
Otros símbolos del período de Pascua
La Pascua está llena de signos que ayudan a expresar, más allá de las palabras, el misterio de la resurrección. Gestos, elementos, y palabras que nos llevan desde lo tangible a lo intangible, desde lo material a la inmortalidad y la vida que se manifiesta en la Resurrección del Salvador.
- El cirio Pascual- Uno de los elementos más visibles e importantes. Se enciende en la Vigilia Pascual y representa a Cristo resucitado, luz que vence la oscuridad. Permanece encendido durante todo el tiempo de Pascua y también en celebraciones como bautizos y funerales, recordando siempre la vida nueva que nace en Cristo.
- El agua- El agua adquiere también un protagonismo especial. En la Vigilia Pascual se bendice solemnemente, evocando el bautismo. Es signo de vida, de purificación y de renacimiento: así como el agua da vida, el bautismo introduce al creyente en la vida nueva de la resurrección.
- El fuego- Otro símbolo muy significativo, especialmente al inicio de la Vigilia Pascual. De él se enciende el cirio pascual, mostrando cómo la luz de Cristo surge en medio de las tinieblas. La luz vence a la oscuridad. El fuego expresa transformación, calor y la presencia viva de Dios.
- Aleluya- Había desaparecido durante la Cuaresma y vuelve a resonar con fuerza. Es una palabra que actúa también como símbolo litúrgico de júbilo que expresa la alegría del pueblo cristiano ante la victoria de Cristo sobre la muerte.
-VOCALÍA DE FORMACIÓN Y LITURGIA-

