
NUESTRO PADRE JESÚS DE LA MISERICORDIA
Antigua imagen de un nazareno.
La imagen del Nazareno con cruz de madera sobre su hombro existente en la Iglesia de la Divina Pastora, de autor anónimo, data de finales del siglo XVII, anterior a la construcción de la Iglesia. Era de las llamadas de candelero, según el informe realizado a petición de la Junta de Gobierno -al hermano de la cofradía licenciado en bellas artes y escultor isleño Alfonso Berraquero García-, como paso previo a la magnífica restauración realizada en el año 1996, recuperando la primitiva mascarilla de la imagen y tallándose un nuevo cuerpo.

Según la tradición oral de personas mayores del barrio a la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia, título tomado desde que se funda la hermandad en 1957, se le conocía desde la antigüedad como el Cristo de los Navegantes o del Buen Viaje, procedía de la capilla Santa María -según algunos autores- del cercano Castillo de San Romualdo. Investigaciones realizadas en los últimos años por el historiador local Fernando Mosig Pérez lo nombra como «Nuestro Padre Jesús de las Lágrimas», advocación desconocida anteriormente.
En distintas épocas de su historia, se le efectuaron diversas restauraciones; las más lejanas las llevadas a cabo en los siglos XVIII y XIX. Una vez fundada la Hermandad, en 1957 el gaditano Manuel Beret también interviene a la Imagen, debido al estado de abandono que sufría. En 1958 -días antes de la primera salida procesional- el escultor isleño Antonio Bey Olvera, también lo interviene. Debemos destacar, que estas intervenciones aún siendo precarias, la venerada Imagen sigue conservando aún su identidad. En 1.965 el imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci somete a la imagen a una profunda restauración, donde le sustituye el candelero que forma el cuerpo por otro de madera de forma redondeada, le retoca profundamente el pelo y la barba, perdiéndose gran ocasión para devolver la imagen a su estado primitivo.
En la noche del 2 de mayo de 1967 la imagen de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia sufre las consecuencias de un incendio declarado en el altar por causa de una vela de promesa, salvándose solo el rostro. De nuevo vuelve al taller de Castillo Lastrucci, que le talla un nuevo cuerpo, cabeza, manos y pies, adaptándole la mascarilla que fue lo que se salvó del incendio. Nuevamente, se deja escapar otra oportunidad de volver a su estado primitivo.

En Junta celebrada el 5 de mayo de 1984, se nombra una comisión para afrontar definitivamente la restauración que demandaba la imagen, celebrándose varias reuniones sin llegar acuerdo alguno. Tras varios años, la Junta de Gobierno dirigida por el Hermano Mayor Diego Salado Marín decidirá efectuarle una definitiva restauración en el 1995. La comisión formada contacta con escultores que emiten sus informes hasta que la hermandad se decide por el presentado por Alfonso Berraquero García.
El 13 de julio de 1995, el Obispado emite el decreto aprobando la restauración en el estudio taller de Berraquero, con el que se extiende contrato para la realización de un nuevo cuerpo anatómico y un remozado rostro del Cristo.
El escultor isleño realiza un cuerpo nuevo, incluida la cabeza, que posteriormente debía de encajarle la mascarilla restaurada. El 4 de marzo de 1996 la imagen se traslada al taller del escultor para la recuperación de la mascarilla, -días antes se le había efectuado un minucioso estudio radiológico-, en el que se observa que el Señor presenta una mascarilla original, perfectamente diferenciada del resto de la cabeza. Cuando Alfonso disecciona, la madera encontrada es de ciprés, unas de las especies más adecuadas para la realización de imágenes y utilizadas antaño por escultores y tallistas.
Alfonso Berraquero estudia la mascarilla y un dato hace llegar a una conclusión. El escultor descubre que, originariamente, la faz de Cristo presentaba los ojos pintados y posteriormente había sufrido una restauración en las que se le colocan ojos de cristal realizado con una técnica utilizada a partir del siglo XVIII, dispuestos encima de los reales. Por todo ello, Alfonso llega a la conclusión de que la mascarilla es una obra realizada un siglo antes, presumiblemente en la última década del siglo XVIII.
Una vez descubierta la mascarilla original, las tres partes implicadas en la restauración -parroquia, cofradía, y escultor- se encuentran con una disyuntiva. Las intenciones pasaban por efectuar la restauración sin alterar la fisonomía de la imagen y evitar un trabajo de notable transformación física; se plantearon las dos opciones: ¿se realiza una restauración integral o se vuelve a retomar la misma que tenía?. Las partes deciden unánimemente el respetar el hallazgo histórico artístico, la misma consideración se recibe del Vicario Judicial de la Diócesis, con fecha de 12 de marzo de 1996.
Alfonso Berraquero, se pone mano a la obra y con fecha de 24 de marzo concluye su trabajo, -fecha en la que se conmemoró el décimo sexto aniversario de la partida al cielo de la Hermana Cristina de Jesús Sacramentado. Al día siguiente, el lunes 25 de marzo la Imagen regresa al templo para el culto público entre la expectación de algunos, la curiosidad de otros y la emoción y fe indescriptible de los pocos -los miembros de la Junta de Gobierno y hermanos muy allegados- que colocaron al Señor de la Misericordia en su altar mientras musitaban una oración entrecortada por anónimas lágrimas de fervor.

MARÍA SANTÍSIMA DE LA PIEDAD
En Junta de Gobierno, celebrada el 20 de marzo de 1975, se tomó el importantísimo acuerdo de efectuar un concurso de bocetos entre imagineros y escultores sevillanos, para tallar la imagen.
La elección del escultor que llevaría a cabo la talla de la imagen de María Santísima de la Piedad fue tomada en la Junta de Gobierno celebrada el día 10 de junio de 1975, donde se acordó designar al joven imaginero sevillano Luis Álvarez Duarte para que llevase a efecto la talla. Entre los meses de junio y octubre son muchas las visitas realizadas por cofrades la Misericordia hasta el estudio de Álvarez Duarte en la calle Aguiar, para hacer un seguimiento al avance de la obra, que supondría que ansiado deseo de esta Hermandad, que desde el año 1957 -cuando se funda la Misericordia- se sueña con la veneración de nuestra Madre de la Piedad.
El 8 de noviembre fue trasladada a nuestra ciudad, siendo celosamente custodiada durante un mes en el domicilio del por aquel entonces Hermano Mayor, Florencio Collantes Pérez.
El 24 de noviembre de 1975, la Junta de Gobierno recibía la comunicación del Obispado de la aprobación por la Junta Diocesana de Arte, para la que la imagen se pudiera bendecir, delegando el Sr. Obispo para este fin a nuestro Párroco y Director Espiritual Rvdo. Padre José Mª Arenas Gil, fijándose la fecha de bendición, como había sido el deseo inicial de los dirigentes de la corporación, el día 8 de diciembre del citado año 1975, -un año transcendental que por diversos motivos marcó la vida y la historia de la Hermandad de la Misericordia-, coincidiendo con la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María.
La ceremonia fue oficiada por el Rvdo. Padre José Mª Arenas Gil, y concelebrada con los Rvdos. Padres Pérez Cayetano y Guerrero Amaya, Coadjutor de Parroquia de la Divina Pastora y Párroco de la Sagrada Familia, respectivamente.
Una vez terminada la Santa Misa, comenzó el primer besamanos acercándose con gran devoción los asistentes a María Santísima de la Piedad, quedando la imagen expuesta durante toda la jornada, siendo innumerables las personas que desfilaron por el templo de la Divina Pastora para conocerla y rendirle pleitesía.
La Santísima Virgen de la Piedad fue la primera contribución a la Semana Santa isleña que hizo el prolifero escultor sevillano, Luis Álvarez Duarte, una imagen de bellos rasgos que probablemente marcara un antes y un después en aquella etapa de gran esplendor del autor. La imagen fue realizada al poco tiempo de retornar a Sevilla desde Madrid, cuando volvió a asumir muchos encargos de imaginería religiosa en su estudio de la calle Aguiar.
Es una imagen que nos muestra un dolor acentuado, muy remarcado en las cejas, los ojos llorosos y las lágrimas. Una imagen que llama claramente al fervor y a la oración, y que supone un referente devocional en el barrio de la Pastora desde su llegada hace ya cincuenta años. Con esta Virgen se ha dado un caso inusual, que hizo que cobrara aún más importancia la obra para su autor, ya que “el Niño Imaginero” fue su pregonero el 8 de diciembre de 1987, atendiendo a la petición de la cofradía, no siendo su costumbre -aquella de pregonar con palabras sus obras- pero que aceptó complacido la encomienda, dejando claro testimonio en aquella jornada mariana de su fuerte amor y del arraigo a la Imagen, su primogénita isleña, de la que atestiguo era su musa, y aquella que le abrió la puerta a una ciudad donde para siempre recibió su cariño.

