En este año de 2026 se cumplen cuarenta años del estreno de una de las composiciones más queridas y representativas del patrimonio musical de la Hermandad de la Misericordia, la marcha “Misericordia Isleña”, obra del compositor gaditano Luis Alfonso Miraut Lago.
Cuatro décadas han pasado desde que esta pieza musical comenzara a escribir su propia historia dentro del mundo cofrade. Pero hablar de “Misericordia Isleña” no es referirse únicamente a una marcha procesional más. Con el paso del tiempo se ha convertido en algo mucho mayor: un auténtico himno que identifica a toda una hermandad, a un barrio y a una forma de sentir la Semana Santa en la Isla.
Desde su estreno, la obra mostró una fuerza especial. Aquella primera interpretación tuvo lugar el 14 de marzo de 1986, cuando la entonces Banda de Trompetas, Cornetas y Tambores Virgen de la Luz, dirigida por el propio maestro Miraut, la llevó por primera vez a los escenarios. Lo que quizás pocos podían imaginar entonces era que aquella composición terminaría trascendiendo los límites de la propia hermandad para convertirse en un clásico indiscutible del repertorio de las cornetas y tambores.
La calidad musical de la marcha, su carácter solemne y su inconfundible identidad hicieron que pronto comenzara a interpretarse por algunas de las formaciones más prestigiosas del panorama cofrade. Bandas de enorme tradición como la Centuria Macarena, Tres Caídas de Triana, Presentación al Pueblo de Dos Hermanas, Rosario de Cádiz o la Banda de Cornetas y Tambores Las Cigarreras incorporaron la obra a sus repertorios, contribuyendo a que su eco se expandiera por toda Andalucía y por numerosos rincones de España.
Así, lo que nació como una dedicatoria musical a la Hermandad de la Misericordia terminó convirtiéndose en una referencia obligada dentro del género. Hoy, cuarenta años después, resulta difícil encontrar una banda de cornetas y tambores que no haya interpretado o al menos conocido los compases de “Misericordia Isleña”.
Además, la vinculación del maestro Miraut con la corporación isleña no se limitó a esta obra. Un año antes, en 1985, el compositor ya había regalado a la hermandad otra pieza de gran valor sentimental: la marcha “Virgen de la Piedad”, dedicada a su titular mariana y que vino a enriquecer aún más el patrimonio musical de la cofradía.
Ambas composiciones forman hoy parte inseparable de la memoria sonora de la hermandad. Su música evoca túnicas negras con esparto azul gastado, paso de de oro viejo de “San Luis”, incienso, fervor y emoción; música que acompaña a generaciones de cofrades y que ha sabido mantenerse viva con el paso del tiempo.
Cuarenta años después de su estreno, “Misericordia Isleña” sigue sonando con la misma fuerza que aquella primera vez. Porque hay marchas que se escuchan… y hay marchas que se sienten. Y esta, sin duda, pertenece a nuestra memoria.
Gracias, Maestro.
Nuestro siempre reconocimiento, Luis Alfonso.



