EL PREGÓN DEL CINCUENTENARIO | Un cierre histórico para un año que ya pertenece a la memoria de San Fernando

La Iglesia de la Divina Pastora vivió ayer, 8 de diciembre —festividad de la Inmaculada—, una de las jornadas más emotivas de este Año de Gracia que la Hermandad de la Misericordia ha dedicado al cincuentenario de su amada titular, María Santísima de la Piedad. El pregón conmemorativo se convirtió en un auténtico broche de oro, elevando la palabra, la música y la devoción a una misma altura.

La presentación, íntima y profundamente sentida, corrió a cargo de José Luis Sánchez Mellado, hermano de la Misericordia, que supo preparar al público para lo que vendría: un pregón hecho desde la verdad del corazón. Su intervención culminó con un gesto especial: ceder la palabra al pregonero tras escucharse el tanguillo dedicado a la Virgen de la Piedad, compuesto e interpretado hace un año por la jerezana Inmaculada Cáliz González, que volvió a emocionar al auditorio.

Un pregón que recorrió la historia espiritual de una hermandad

Desde el atril, Manuel Jesús García Almarcha firmó un texto cargado de sentimiento, memoria y mensaje cofrade. Comenzó desde lo más íntimo: sus primeros recuerdos familiares y las vivencias infantiles que lo unieron para siempre al Señor de la Misericordia y a su Madre de la Piedad. A partir de ahí hiló un discurso que trascendió lo personal para convertirse en la voz de todo un barrio y de varias generaciones de isleños.

El pregonero repasó momentos esenciales de la corporación: la primera salida de la Virgen, los estrenos que marcaron época, las procesiones extraordinarias y la fuerza devocional del Jueves Santo. Y sobre todo, puso en valor la centralidad del Cristo de la Misericordia, recordando su mirada severa y serena, su paso imponente y la fe profunda que despierta en cada hermano.

No faltó una llamada de futuro, con un deseo compartido: que la Virgen de la Piedad sea madrina en la beatificación de Hermana Cristina, muy vinculada al espíritu misericordioso de la hermandad.

La música: un protagonista más

La palabra se entrelazó con la música gracias a la participación de la sección de metales de la Banda de Música de Agripino Lozano, que interpretó varias de las marchas más emblemáticas de la Hermandad de la Misericordia. Sus sones, colocados estratégicamente entre los bloques del pregón, reforzaron la emotividad del discurso y llenaron el templo de la Pastora con un eco inconfundible de Jueves Santo.

Como colofón, se escuchó la música que el recordado José Ribera Tordera compusiera para la Virgen de la Piedad, un homenaje cargado de nostalgia y admiración que fue recibido en pie por los asistentes.

Un cierre para la historia

El acto reunió a numeroso público, hermanos, devotos y representantes del mundo cofrade isleño. La imagen de la Piedad, presidiendo el altar mayor, dio marco solemne a un pregón que ya queda inscrito entre los grandes hitos de la hermandad.

La Misericordia cierra así un año intenso, lleno de actos, recuerdos y emociones que han puesto en valor medio siglo de devoción. Ayer, San Fernando volvió a demostrar que su fe es herencia, identidad y compromiso. Y que la Virgen de la Piedad continúa siendo, cincuenta años después, el corazón espiritual de todo un barrio y de toda una ciudad.

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