En la tarde de hoy, la Iglesia de la Divina Misericordia se ha llenado de fervor y devoción para celebrar la onomástica de María Santísima de la Piedad, titular mariana de nuestra Hermandad, en este Año de Gracia en el que conmemoramos los cincuenta años de su bendición.
A las 19:00 horas dio comienzo la Solemne Función Religiosa, presidida por nuestro Párroco y Director Espiritual en honor de la Virgen de la Piedad, cuya imagen, exornada con “ese guiño al pasado”, recibía a los fieles entre el olor del incienso y la luz radiante de las velas. La liturgia, profundamente cuidada, ha resonado en el templo como un canto de gratitud a la Madre que, desde hace medio siglo, acompaña los pasos de la Isla con su Piedad serena.
Tras la celebración, la Hermandad ha vuelto a poner el acento en la memoria y la gratitud. Como dicta la tradición, los hermanos que este año han alcanzado los 25 y 50 años de pertenencia han recibido de manos del Hermano Mayor un diploma que reconoce no solo su antigüedad, sino también su constancia, su fe y su compromiso silencioso a lo largo de décadas.
El momento más emotivo de la tarde ha llegado con la entrega del portafolios oficial al Pregonero del Cincuentenario, N.H.D. Manuel Jesús García Almarcha. Entre aplausos contenidos y miradas cargadas de esperanza, el Hermano Mayor ha puesto en manos del pregonero el soporte que custodiará el texto que será proclamado el próximo 8 de diciembre, un pregón esperado y llamado a convertirse en una pieza central de este año histórico para la Hermandad.
La jornada concluyó con una invitación abierta a toda la Isla: seguir caminando juntos, compartiendo la mesa del Señor y manteniendo viva la devoción a María Santísima de la Piedad, una devoción que, cincuenta años después, sigue latiendo con la misma fuerza en el corazón de San Fernando.





