
MISERICORDIA DE CRISTINA, CRISTINA DE MISERICORDIA
Cuatro años después del fallecimiento de la Hermana María Cristina de Jesús Sacramentado, una Hermandad de la Isla decide trasladar a sus Sagrados Titulares desde su Parroquia de la Divina Pastora de las Almas hasta el Monasterio de la Santísima Trinidad de Madres Carmelitas Descalzas.
Se iban a iniciar unas obras en el Templo y Antonio Moreno, el Hermano Mayor, convence a su Junta de Gobierno para llevar a cabo aquel traslado.
Jesús de la Misericordia y su Madre de la Piedad podrían haber sido instalados en los salones parroquiales, como otras imágenes de devoción pastoreña, pero Antonio gozaba de la amistad y la confianza de las Madres Carmelitas Descalzas desde muy niño.
Él tuvo la suerte de conocer personalmente a la Hermana María Cristina y, en su corazón, como en el de cientos de isleños, ya anidaba desde hacía años el sentimiento y la certeza de que ella había vivido en santidad, y quería que su Hermandad le ayudara a iniciar un camino que hoy empieza a ver el gozoso final…
Tras aquella estancia en el Monasterio se firma Carta de Hermandad entre la Misericordia y la Comunidad. En 1986 Antonio pide al nuevo Hermano Mayor, Florencio Collantes Pérez (q.e.p.d.) que se promueva la Causa de Beatificación. Dos años después se entrega a las Madres este documento, redactado por Emilio Prieto Pagnas (q.e.p.d.) y José Luis Ruiz-Nieto Guerrero. (q.e.p.d.)
Comienza un rosario de reuniones entre la Hermandad y la Comunidad, también con los Padres Carmelitas y con el Canciller del Obispado. Se publican artículos en el Boletín Informativo en los que se habla ya, a las claras, de la Santidad de Cristina, se organizan Juntas de Gobierno extraordinarias en el Monasterio, junto a las Madres, se nombra una comisión permanente en la Hermandad para mantener viva esa idea de la Beatificación…
En 1995 la Comunidad decide iniciar el proceso, una larga Causa que siempre abanderó la Hermandad, manteniendo la luz de Cristina siempre encendida.
Hoy son decenas de adhesiones las que se suman a la ilusión de la Misericordia. Hoy sabemos que estamos llegando a la meta.
La Misericordia participa activamente y de una forma numerosa cada 24 del mes de las Eucaristías que se aplican para pedir su pronta veneración en los altares.
Hoy la Misericordia es más de Cristina que nunca y Cristina, la monja de la sonrisa eterna, está escribiendo en el cielo, con letras de oro, el que fuera su último vaticinio, las palabras que pronunció sin pausa aquella mañana del 24 de marzo de 1980, mientras entregaba su alma a Dios, justo al toque de tablillas:
MISERICORDIA, MISERICORDIA, MISERICORDIA…

